Érase una vez, una princesa imperfecta… (Parte 1)

No quiero que esto suene modesto, pero si pudiera pedir un deseo en la vida quizá fuera que mis hijos sean como yo de niña. Tengo una lista interminable de cosas que de hoy como adulta me gustaría cambiar en mí, pero ahora, puedo realmente admirar mi obediencia, la inocencia y el corazón que tenía siendo pequeña. No puedo explicar realmente que era o si mis papás usaron algún otro secreto aparte de la oración, pero siempre trate de obedecerlos y ser lo más correcta posible. (¿Qué me pasó? Haha)

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Áspera e imperfecta

¡Quería comenzar esta entrada dándote las gracias por leerme!

Empecé a escribir este blog porque tenía ese tiempo de sobra del cual no estoy muy acostumbrada a tener, al que le llaman por ahí desempleo. Si no has seguido mi historia te comparto mi primer blog aquí. En estos tres meses desde que comencé a escribir, Dios ha estado hablándome MUCHISIMO y he tratado de compartir todo lo que me dice contigo.

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Una oración inesperada

Para mi cumpleaños número 21, mi papá le asignó a mi hermano que orará por la comida y por acción de gracias por mi vida. Parafraseando un poco de lo que dijo en su oración fue: “Dios yo te pido que le permitas a mi hermana caminar por el desierto para que la transformes, la lleves de Tu mano y vea quien eres Tú. Que pueda comprender que todo lo que tiene y tendrá solo viene de ti. Que sea un año de muchas pruebas para que Tú te glorifiques en su vida y vea Tu poder”.

Cuando escuché eso me sorprendí mucho. ¿Quién va a pedir desiertos y pruebas para mí el día de mi cumpleaños? Continue Reading

Tengo sed

He tenido la bendición de viajar. Mucho.

A mis 23 años, como regalo de graduación de la universidad, cruce el charco por primera vez. Hay una frase un poco cliché que anda por el Internet que dice que “viajar te deja sin palabras y luego te convierte en un contador de historias”. Y quiérase o no es bastante cierto. Desde anécdotas increíbles hasta aventuras no tan bonitas.

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¿QUIERE LIMPIARME? ¿A MÍ?

“Sucedió que estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, el cual, viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.

Entonces, extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él.” Lucas 5:12-13

Yo soy ese hombre. Estoy enferma, excepto que de pecado. Me postro a Tus pies porque no puedo verte, no me atrevo, la vergüenza me invade.

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